24 oct 2011

"Los camareros de Madrid"

Hay mucha gente trabajando detrás de la barra de un bar. Sin embargo, pocos quedan de los que podemos llamar "Camareros de Madrid". Están en los mejores establecimientos. Ojo, no en aquellos más glamurosos, caros o mejor situados. No, están en tascas y bares de siempre, esos lugares q denominados TIPICO ESPAÑOL. Entras por la puerta y te intuyen. "Buenos días" gritan cuando pasas el umbral, mientras tú te quitas las gafas y ellos sin levantar la cabeza continúan secando vasos. No te conocen por lo que no te hacen mucho, bueno, ni puñetero caso. Cuando uno de ellos pasa por delante de ti le dices con voz tímida "cuando pueda un té con leche" y es q un camarero de un bar típico impone más respeto que el banquero de traje al que vas a pedirle una hipoteca. Camarero de Madrid, un oficio que se ha ganado ese respeto, por descontao. Se acerca el más mayor: - Ha pedido un café con leche? - No, desearía un té con leche - y esa voz se escapa por la solapa de tú chaqueta, casi no te has oído tú y aceptarías el café sin rechistar. - Lo ves, sí es que se nota, con los nervios que despide la chica como se va a tomar otro café - mientras le veo sacar de algún lado una jarrita con leche caliente que no he visto calentar, una taza con el azúcar a un lado, la cucharilla al otro y el té, pienso en como sabe que ya he desayunado! - Sí, vale tiene cara de Café y eso lo has intuído bien, pero tienes que sentir la necesidad del cliente! - Y añade con una cara imposible: Si es que no eres camarero ni na... Aquí tiene señorita. - Ni una mueca, sonrisa, levantamiento de cejas... no me merezco nada Bebo y trato de relajarme. - Cuánto le debo? - Silencio, sigue poniendo cucharillas a un lado del plato, el azúcar al otro. Creo que no me ha oído. Abro la boca - El té es.1.50 - Me ha dejado con la frase sin empezar. Me trago el aire que iba a soltar en forma de palabras y casi me atraganto. Deja claro que yo soy el cliente y bla bla bla tendrás la razón, pero los tiempos los marca él. Saco el dinero del monedero, lo dejo en la barra y al sonido dice de la moneda le acompaña un "Gracias". Me levanto y antes de salir por la puerta me giro. Ni rastro de mi presencia, el dinero en la caja, la taza y resto de jarritas supongo que ya están en el lavaplatos. Y él sigue montando tazas de desayuno. Sonrío y aunque no me ha mirado sé que me ha visto. Me pongo las gafas y al girarme escucho: - "Hasta la próxima" - Y sé que ha anotado café si dormida, té sí nerviosa... en algún lugar de su inmensa memoria.

2 comentarios:

  1. Qué grande. Eres genial describiendo esos momentos de los que todos nos damos cuenta pero que pocas veces nos paramos a poner en palabras.

    Muaks!!

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  2. :) creo que cada vez me gustan más los pequeños detalles de las cosas cotidianas... me estaré haciendo mayor, jejej

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